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En los últimos días, jóvenes adolescentes resultaron seriamente lastimados a partir de peleas en boliches bailables, a pesar de que todos cumplen con las exigencias de contar con efectivos policiales para seguridad dentro de los mismos. Ante la evidente imposibilidad de evitar esta escalada de violencia, es preciso replantear los mecanismos actuales y adecuarlos a la actualidad, de forma de que éstos hechos no ocurran. Caso contrario, se podrían lamentar consecuencias más graves.
Si bien desde siempre los espacios nocturnos han sido escenarios de peleas y otras violencias, la sociedad a ido evolucionando para reprimirlas. Por ejemplo, en la actualidad, los boliches están obligados a contratar policías adicionales para cubrir toda la noche, lo cual tiene un costo importante para los locales, y significa un muy buen ingreso para la fuerza, pero no está funcionando como debería.
En este sentido, dos casos han tomado estado público: el viernes 11 de julio un adolescente fue golpeado por un mayor y casi pierde el ojo, y el último viernes, una riña entre simpatizantes de dos clubes terminó con tres gurises lastimados, uno con doble fractura maxilar.
En el primer caso, sin mediar muchas palabras, un sujeto ya conocido por su violencia propinó una terrible golpiza a un adolescente, la policía sacó a ambos del local, y a éste último lo subió a la ambulancia qué siempre está afuera con destino al Hospital San Antonio. Como consecuencia de los golpes tenía hematomas varios y un golpe importante en el ojo, razón por la cual fue derivado a Concordia. Casi pierde un ojo.
En el segundo caso, dos grupos adversarios deportivos, uno de mayores que los otros, y más preparados para la lucha, intercambiaron palabras hasta que pasaron a los golpes. En la primera bataola, dos adolescentes resultaron muy golpeados, fueron sacados por la seguridad y la policía hacia afuera, y subidos a la ambulancia rumbo al nosocomio local. Mientras esto ocurría, el mismo grupo agresor atacó a otro que quedó, quien también terminó en el hospital con la mandíbula deshecha.
Vale destacar que las instituciones a las que los jóvenes pertenecen ya tomaron cartas en el asunto, habiéndose reunido ayer y ya acordados acciones en conjunto sobre el tema.
Denuncias
Según trascendió, tanto en el primer caso, como en este último, se realizaron las denuncias pertinentes, razón por la cual la Policía y la Justicia deberían saber bien lo que está ocurriendo. Más allá de ésto, sorprendió a los denunciantes que nadie en Jefatura supiera lo que había ocurrido.
Cabe recordar que, en el sistema actual, los efectivos pueden brindar el servicio de adicionales a los boliches, y estos están obligados a contratar. En ese marco, regularmente, en los boliches hay una media docena de funcionarios al servicio de la seguridad, y del boliche, pero, de la puerta para afuera, no siempre hay alguien. De este modo, la violencia suele sacarse del local hacia la calle, donde las víctimas a veces quedan a la buena de Dios.
Ambulancia
Tan naturalizada y habitual sería la violencia que los boliches están obligados a estar cubiertos por un servicio de emergencias, y, algunos, directamente, tienen la ambulancia en la puerta. De este modo, el hospital San Antonio, al igual que la Policía y la Justicia, también puede dar fe de la frecuencia y magnitud de estos hechos.
Adolescentes
En diálogo con adolescentes y jóvenes habitués de estos locales, éstos coincidieron en lo frecuentes que son estas peleas o riñas, a la vez que manifestaron no sentirse seguros, ni por la presencia de un ocasional agresor, ni por el accionar de los propios policías. Tal es así que el último fin de semana les habrían preguntado nombre y apellido antes de ingresar “para saber quienes hacen quilombo”.
Conclusión
Sin lugar a dudas, se trata de una escalada de la violencia entre jóvenes y adolescentes en los boliches bailables. Escalada tanto en frecuencia como en virulencia.
De indagar en otra ciudades, surge que la sola presencia policial dentro del boliche ya no sería suficiente, sino que debería ampliarse hasta afuera del local y en el marco de un protocolo estratégico, con presencia en los puntos criticos: barras, baños y lugares para fumar, de modo de poder prevenir y no intervenir tarde. Aseguran que la sola presencia desalienta cualquier discusión o pelea.
Por otro lado, de observar los casos, y las similitudes con las canchas de fútbol, no es descabellado idear un sistema de identificación de violentos y que los locales apliquen su prerrogativa de admisión y permanencia. De ese modo, aquellas personas que agredan o generen disturbios podrían quedar registrados y prohibírseles el ingreso.
Por último, cabe destacar la inmediata reacción de las instituciones deportivas afectadas, las cuales, por su compromiso, se reunieron de inmediato para, desde su lugar, generar soluciones a esta problemática. Es una lástima que las instituciones públicas locales no reaccionen de la misma forma, siendo que está en juego la integridad física de nuestros jóvenes y adolescentes.
Norman Robson para Gualeguay21


















