La virtud de la paciencia expresa que cada uno sabe que debe seguir trabajando, insistiendo, esperando, con la íntima convicción de que aquello que se hace ayuda, sin apresurarse, al fin que se busca.
Es un acto de misericordia, de contemplación y de empatía con el otro; tener paciencia a otro es un acto de amor, es darle la oportunidad, en su propio proceso, de hacer las cosas por sí mismo sin esperar a que las haga tal como uno las haría.
La paciencia debe ser ilimitada como virtud, excepto que la derribe la falta de respeto y la violación de los propios derechos y jurisdicciones. No es sometimiento, sino mantener el eje de tener la tranquilidad de que se está haciendo lo correcto. La paciencia permite mantener la interioridad del ser como un refugio de paz: el logro más importante de esta virtud es que convierte al individuo en un ser pacífico.
Rabino Sergio Bergman

9 febrero, 2026 5:23 am/
Un informe realizado con los datos aportados por 40 familiares de víctimas de siniestros viales de...
















