Pocos cambios, viejas recetas, mirada de corto plazo

Un viejo adagio dice que no puedes esperar resultados diferentes si siempre realizas las mismas cosas. La principal política del gobierno en materia de comercio internacional no ha dado los resultados esperados: a como dé a lugar, uno de las estandartes del gobierno ha sido (y lo sigue siendo) mantener el saldo de la balanza comercial con saldo positivo, y considerando la actualidad de los números esto en parte no se ha conseguido porque Argentina ya tiene déficit en sus números de cuenta corriente comercial.
La balanza comercial mide el saldo neto de las exportaciones e importaciones solamente de bienes (hasta el momento con saldo positivo pero en franca caída), en cambio el saldo de cuenta corriente muestra el saldo neto de las exportaciones e importaciones de bienes, servicios, seguros, transportes y transferencias al exterior.
Todos estos conceptos están incluidos en la balanza de pagos, que debería tener siempre suma 0 (cero), aunque en ocasiones los fuertes desequilibrios en las cuentas individuales hacen que, por ejemplo, para balancearlos se vean afectados otros rubros como Inversión Externa Directa o las disponibilidades de divisas existentes en el Banco Central.
Poniendo esto en idioma más sencillo un fuerte desequilibrio en alguna de las cuentas o el superávit muy ajustado en otras hacen que los números globales de la balanza de pagos se traduzcan en políticas de ajuste para poder equilibrar los números, por lo cual más allá de los resultados del día 27 de octubre, el período que denominamos “28-o” deberá, sin dudas, generar políticas correctivas para alivianar la presión que hoy es ostensible sobre el tratamiento de las cuentas externas.
Desde el gobierno son conscientes de que el rumbo hay que modificarlo, por lo cual no sólo se impone un cambio de “figuritas” sino también de rumbos, considerando que más allá del “28-o” está en juego la gobernabilidad de los próximos dos años, un tema no menor y que muchos ya están discutiendo lo que puede pasar en 2015.
Un dato no menor es que hace pocos días se llevó a cabo la aprobación del presupuesto del próximo año, y se renovó la permanencia del estado de “emergencia económica”, por lo que el estado se reserva el derecho de intervenir en determinadas cuestiones de política comercial externa, como ser el tratamiento del mercado de cambio, o la imposición de correctivos a las importaciones/exportaciones, y el mantenimiento del régimen de retenciones que ya conforma el espectro del ingreso en las cuentas nacionales.
Entonces, ¿cuáles son los posibles escenarios del comercio exterior para el “28-o” y los cambios que se vendrán? Las reglas de juego ya son “cosa juzgada” para el presente ejercicio, el superávit comercial tendrá un nivel cercano a los u$s 8.000 millones y en baja, y la decisión de las medidas se pensarán en el objetivo 2014.
La balanza cambiaria se verá afectada principalmente por las necesidades de importación de energía, que crecerán un 30 %, representando aproximadamente entre 3500 y 4000 millones de dólares extras para el próximo año.
Por su parte, la balanza de servicios seguirá siendo deficitaria, máxime considerando que comienza la temporada fuerte de contrataciones al exterior vía pasajes y alojamiento, sumando otros 5000 millones al déficit de divisas. (No se olvide además del mundial de fútbol en Brasil)
Además, por efecto del maquillaje de las cifras del INDEC sobre el crecimiento económico, se pagarán más fondos relativos al cupón del bono atado al PBI (el cual se dispara si el crecimiento del PBI supera el 3,22% anual). Esta deuda representa otros 3000 millones o más, dependiendo de cuanto crecimiento quiera el gobierno que muestre este índice.
Las proyecciones optimistas del comercio internacional indican que el superávit del 2014 podría ser similar al de 2013, (en este caso, depende en forma directa del comportamiento de los precios internacionales de los commodities) aunque la tendencia del incremento de las importaciones (empujadas como mencionamos con las importaciones de combustibles) puede que en la realidad el superávit sea menor.
Con estos supuestos, la cuenta es sencilla:
+u$s 8000 millones de Superávit Comercial – u$s 4000 millones de incremento en importación de energía – u$s 5000 millones de servicios y turismo – u$s 3000 millones pago cupón del bono = a aproximadamente – u$s 4000 millones (como mínimo) de déficit cambiario real para el 2014
Partiendo de estos datos y proyecciones, entendemos que las acciones que podría tomar el gobierno para administrar el incremento de déficit serían:
1) Seguir insistiendo con medidas para forzar el ingreso de dólares del exterior: de hecho, ya prorrogó el blanqueo hasta fin de año, emitió una norma del BCRA para que los exportadores adelanten vía préstamos del exterior las exportaciones del 2016. Esto podría complementarse con préstamos de organismos multilaterales como el Banco Mundial, BID y otros. Esta situación apunta al lado de los ingresos, sabiendo que Argentina no tiene acceso al mercado de deuda voluntaria, ni existen ya los petrodólares de Chávez.
Tal vez se reconsidere la penalización al ingreso de capitales del exterior, mediante el encaje del 30% del capital, una medida que se tomó en 2005, cuando la corriente de divisas era justamente la inversa y había que frenar el ingreso de dólares y capitales “golondrina”.
2) Mayores restricciones a los pagos al exterior. En este caso, es posible que se intente regular el acceso a las divisas para pagar al exterior, mediante medidas administrativas “informales” o no, abiertamente declaradas, para evitar las represalias posibles de los socios comerciales.
Una posibilidad es que se refuerce el mecanismo de permisos previos vía DJAI, en las cuales se comience a pedir datos tales como plazos de pago e instrumentos bancarios, (hasta hoy no se solicitan) de modo que discrecionalmente se regulen las aprobaciones privilegiando aquellas que se paguen a mayores plazos o mediante cartas de crédito. Esto es una forma de volver a la política “lavagnista” de principios de 2002, cuando se instauraron plazos mínimos de pago al exterior en función del tipo de bien y del instrumento bancario de pago.
También las DJAI pueden verse reemplazadas por la implementación de otro sistema informático, que podría ser el SISCO, programa que incluye una registración previa y que fue utilizado en su momento para la presentación de las Licencias No Automáticas, y esto demoraría al importador en la solicitud de autorización para la importación, y quizás haya un período donde pocos importadores puedan solicitar sus pedidos de importación.
La otra opción, que puede ser complementaria a la anterior, es la del refuerzo de los pedidos de compensación con exportaciones, de modo de que el efecto en divisas sea neutro para el país.
3) También se analiza establecer un desdoblamiento cambiario, para “blanquear” la existencia del dólar paralelo (blue, o como quiera llamarlo) ya que más allá de otras implicancias, un incremento real del tipo de cambio también genera un incremento de pesos por exportaciones efectuadas y un encarecimiento de las importaciones, pero limitar la incidencia de un alza en el tipo de cambio sólo a las transacciones internacionales sería un grosero error.
Por ello, dentro del análisis, se está considerando algunos tipos de cambio preferenciales para algunos sectores de la producción.
En las últimas semanas, el grifo de las importaciones se volvió a mantener casi cerrado ya que los importadores de bienes e insumos han percibido que obtener una DJAI es tarea imposible, situación que afectó incluso a aquellas empresas que por su propia operativa comercial tienen saldo de cuenta corriente favorable, es decir que la misma empresa en sí produce y exporta más de lo que importa.
El actual régimen está agotado, habrá que definir que se defiende y el cómo, sin generar ruido con los sectores de producción interna y enfrentamientos comerciales en el ámbito internacional. Porque más allá de la inexistencia de una planificación seria de nuestro comercio internacional, la realidad indica que si se procura incrementar las exportaciones argentinas y de ese modo, lógicamente, aumentar el nivel de ingresos de divisas, mantener el actual nivel de retenciones atenta claramente contra este objetivo.
Además, si seguimos con la actual política de trabas, en el exterior no nos recibirán con los brazos abiertos para que podamos venderles productos a aquellos países que no le estamos permitiendo su ingreso en nuestro mercado, no proponemos la apertura indiscriminada de los 90, pero si reglas de juego claras y políticas previsibles, es decir, acabar con la improvisación, políticas de parche y anuncios rimbombantes pero poco efectivos.
Un ejemplo es la creación de la Cámara Argentina de Exportadores (CAE), que viene a reemplazar a la ya desactivada Cámara Nacional de Exportadores (CNE). Esta última pasó sin pena ni gloria como improductiva e inexistente desde su real convocatoria empresaria, como así también de los efectos en el crecimiento de las exportaciones argentinas o la generación de posibles negocios.
Definitivamente, llegó el final de un modo de tratamiento de las políticas comerciales y cambiarias, el “28-o” vendrá con cambios que impone la actual coyuntura. Seamos sinceros, el silencio de muchos sectores en nuestro país hicieron también posible esta realidad, es fácil caerle a la diatriba morenista (por suerte ya le queda poco) pero es imprescindible que haya un sinceramiento de muchos para que nos vaya mejor a todos.
Mg. Néstor Pablo Aleksink, Especialista en Comercio Exterior y Relaciones Internacionales, Director Ejecutivo del Programa Argentina Exporta
