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Gualeguay: Después de casi dos años de desgobierno, y de haberse convertido esta gestión municipal en la peor en la historia innediata, se perciben ilusiones de que un cambio podría estar en ciernes. Es que así lo exige la ciudad, y también lo exige la política, en absoluta crisis de proyectos a solo dos años del próximo cambio de gestión. ¿Se tratara de señales ciertas o de meros espejismos fruto de las ganas que tienen los gualeyos de que esto cambie de una vez por todas?
Vayamos por partes, como bien dijo el querido Jack.
Convengamos primero que, desde sus inicios, la gestión de Dora Bogdan ha sido errática y desacertada. Esta apreciación no es caprichosa, sino que la siente la propia población en su propia realidad, en sus calles. Desde la desgraciada inundación en marzo del 2024, la gestión no ha podido cumplir con lo básico de los servicios públicos, mucho menos con las promesas de campaña.
Si bien es cierto que el escenario previsto cambió abruptamente con la asunción de Milei, eso no es excusa para no poder gobernar, y así lo demuestran otras ciudades de la provincia, algunas de las cuales, aunque están gobernadas por intendentes opositores, no se estancaron en el tiempo. Es que gobernar es administrar los recursos, la convivencia y el progreso de los ciudadanos de un territorio. Nunca fue solo distribuir los recursos que llegaban de afuera solo por coparticipar.
Igualmente, y más allá de la gravedad del caso, la responsabilidad del fracaso de esta gestión no solo recae en la incompetencia particular de la Intendente, sino, también, en la mediocridad que ella misma eligió para su entorno, el cual no solo nunca supo contener los desaciertos de la señora, sino que los potenció, priorizando las mieles del cargo a las necesidades de la ciudad.
Claro está que toda esta situación no permaneció invisible al gobierno provincial, ni al nacional, quienes cuentan con el caudal electoral de Gualeguay para las futuras elecciones, y ven que la gestión local no hace más que espantar al electorado.
Ahora bien, en este contexto, las paredes de los corredores del edificio municipal hablan de que la Intendente se habría dado cuenta de la gravedad de la situación y habría recurrido por ayuda a quien siempre supo ser un guía para la gestión: Hugo Lesca. Alguien que supo, y sabe, de qué se trata.
La solución es fácil: Se trata de hacer un buen aprovechamiento de los muchos o pocos recursos disponibles, y de ponerlos a trabajar al servicio de los vecinos, sin tanta foto y redes, sino en silencio, con resultados concretos y tangibles para los vecinos.
Sin lugar a dudas tirarían de este carro el viceintendente, Efraín Martínez Epele, y el senador, Casiano Otaegui, quienes, al igual que Lesca, saben qué hay que hacer, cómo hacerlo, y lo urgente y necesario que es concretarlo.
La pregunta del millón es, sin dudas, si éstos podrán rescatar a Gualeguay del desorden y postergación a los que fue condenada, si la Intendente se va a “aguantar” que éstos lo logren, o si su séquito se quedará quieto, ayudará, o pondrá todo tipo de trabas.
Aún no se han escuchado portazos, pero es difícil creer en un cambio con las mismas caras en las primeras y segundas líneas. El cambio precisa compromiso, capacidad y ganas, virtudes que no han asomado en casi dos años entre las huestes de la Intendente.
La idea parece buena, pero es muy temprano para gastar a cuenta, así que esperemos que Dios los ilumine, y nos ilumine a nosotros.
Norman Robson para Gualeguay21


















