Ser agente de policía en Entre Ríos

Este año, en el marco del Encuentro Nacional Contra la Violencia Institucional en el Congreso Nacional, el ministro de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni fue contundente: “Si hay un trabajador que no tiene derechos es el policial. No está sindicalizado, tiene escaso entrenamiento, está amenazado por sus superiores y la prensa. Si se equivoca, la liga él, y le sueltan la mano (…) Si le damos un discurso moralizador y una estructura deteriorada y los mandamos a la calle a recaudar…”.
La tropa de calle está conformada por seres humanos que reciben una instrucción formal antes de entregárseles el uniforme y el arma, que conservan su temperamento y su condición humana. No opinaremos sobre ese punto en esta nota sino que ofreceremos información que sin dudas será útil para quienes gustan de opinar sobre ellos. Aquí va.
Salario básico $ 1.300 y el resto son códigos no remunerativos (antes del 09/12/13). Si muere en servicio, su viuda cobrará una pensión miserable.
Carece de ‘derechos adquiridos’ y cuando alguno de sus derechos legales es vulnerado no tiene un sindicato que lo defienda, como lo tienen todos los demás trabajadores.
Puede suceder que un mes cobre –por ejemplo- 500 pesos menos porque le sacaron, unilateralmente y sin aviso previo, uno de los códigos con los que está estructurado su sueldo. No tiene a quién reclamar (hay una oficina central por provincia, burocrática desbordada) y solo puede esperar a que quizás al mes siguiente, o más adelante, le restituyan ese código y vuelva a cobrar ese importe. Mientras tanto se convierte en deudor moroso en algún comercio donde compró en cuotas, con la tarjeta de crédito, con Sidecreer, etc.
Todo trabajador tiene derecho a percibir a fin de mes un monto previsible. Lo señalado anteriormente hace imprevisible el salario del policía.
Debe pagarse las balas. Si, no es un error de redacción: debe comprarse las balas 9mm. En ciudades críticas donde hay que persuadir disparando al aire (la caliente Concordia, p.ej.) un policía puede gastar hasta un cargador por semana en disparos disuasivos (valor aprox. $ 250 la caja).
La dictadura militar instituyó el “recargo”, otra de las decisiones que a los gobiernos democráticos no les pareció dictatorial (o les pareció convenientemente dictatorial) y se mantiene hasta hoy. Consiste en que un policía toma su turno de 24 horas y cuando va a retirarse le comunican que tiene recargo, lo que significa que debe quedarse más horas (cantidad a criterio de su superior), sin cobrar un centavo adicional. O le corresponde un fin de semana libre pero le comunican que tiene recargo y debe continuar. Se dice que los recargos son cada vez más frecuentes, sobre todo los fines de semana, y no importa si el policía programó un viaje o una reunión familiar para celebrar el cumpleaños de alguien. Si le gusta debe cumplir con el recargo y si no le gusta, también. Este punto del reglamento, probablemente fue introducido para darles a los jefes de tropa la potestad de “domesticar” a cada subalterno según su voluntad.
Cuando realiza adicionales durante los días de franco, quien los cobra es un superior, que le retiene un 5% para la institución y al pagarle el trabajo no suele ser tan puntual como los clientes (bancos y empresas). Esto lo atrasa en el pago de sus obligaciones con vencimiento.
Un policía de bajo rango no puede programar con anticipación sus licencias. Cuando no están cortadas y no hay para nadie (lo que también ocurre), es el superior quien dispone.
En ciudades como Concordia, rodeadas por un cordón de pobreza impresionante, donde hay un alto índice delictivo y 8.000 jefes de familia que no trabajan y cobran planes sociales, en las escuelas los hijos de policías son hostigados y lastimados permanentemente por los hijos de sujetos enemistados o enfrentados con la policía. La única manera de protegerlos es enviándolos a colegios privados, lo que representa un costo insostenible para los ingresos que percibe un policía. Esto sucede en casi todas las ciudades de la costa Uruguay, con menor gravedad en la Costa Paraná.
Comunica sus disconformidades por las redes sociales (Facebook), pero todos han tenido que declarar los dominios o dirección, y sienten que han perdido la privacidad y la libertad de expresarse por esos medios, por temor a graves sanciones o represalias “reglamentarias”.
En medio de hechos de extrema violencia, él debe actuar sin ejercer violencia alguna, a riesgo de perder su empleo y hasta su libertad personal. Si se equivoca, también nosotros los periodistas –siempre dispuestos a elogiar y mostrarnos amables con sus jefes– lo condenaremos.
Si un policía se pone molesto con algún reclamo por cualquiera de las situaciones antes planteadas, puede ser trasladado sin explicaciones a una ciudad bien alejada de su familia, sin derecho a defensa ni a reclamo.
Egidio Luis Jacobi para Paralelo 32

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