Al llegar comencé probando con un caserito de superficie similar a una ranita, confeccionado en madera y pintado de blanco.
Plena hora de la siesta y se veía poca actividad en el agua, hasta que un doradillo quebró el silencio y la superficie del agua con un ataque furibundo.
Los saltos que dio fueron más que suficientes para no lamentar la pérdida del pique. Continué recorriendo la costa del arroyo, y en las partes que se encontraba desbordado, se observaba mucha actividad de sábalos, y si hay sabalitos, por lógica también andan las especies cazadoras.
Después de varias horas de probar con todo tipo de señuelos sin obtener respuestas, decidí cambiar por uno de siliconas, parecido a una lagartija. Los ataques de las taruchas no se hicieron esperar, atacaban con total voracidad y desparpajo. Lamenté no haber puesto esa gomita antes.
Las capturas se sucedían una tras otra, entre varias chicas y medianas, aparecieron las grandes.
El ruido del freno del reel cuando alguna grande tomaba el artificial, sonaba como la mejor sinfonía…
Corridas violentas, saltos, acrobacias en el aire para liberarse, regalos que, quien pesca deportivamente, más allá si la presa se escapa antes de arrimarla a la costa, disfruta a pleno en ámbitos totalmente agrestes.
La alegría de la pesca duró lo que aguantó la gomita los ataques de las tarus.
Una pena no haber llevado algunas más de repuesto, para continuar con el festival de piques.
Lo único lamentable la rotura de la caña de spinning, pero fue bien pagada con las capturas que me brindò.
En resumen una tarde de pesca espectacular. Como siempre todas las capturas fueron devueltas a su medio.
Pescá pensando en el futuro, pescá con devolución…
Jorge Cicerone para Gualeguay21

16 septiembre, 2026 6:35 am/
En la tarde de ayer, el presidente del Emturer, Ente Mixto de Turismo de Entre Ríos,...
















