Hoy se cumple una semana del insólito hecho y nadie da explicaciones. Ni la policía, ni la justicia, ni el abogado. Un sujeto fue alojado en Jefatura, con instrucciones precisas de que se lo custodie, porque tenía intenciones ciertas de quitarse la vida, pero, a pesar de eso, contó con todo el tiempo del mundo, y todos los recursos, para suicidarse, y nadie dice nada. Cualquier muerte en cualquier circunstancia en cualquier comisaría del mundo sería escandalosa, menos en Gualeguay.
En esta ciudad, los derechos humanos están solo para los atriles políticos y las marchas progresistas, y la vida vale según quien para quien. Esto es grave de por sí, pero más grave es cuando la ley es ley según para quien.
De acuerdo a las versiones, el muchacho dejó entrever sus intenciones de suicidio, su abogado las percibió y se las transmitió al juez, y éste dispuso, de inmediato, tratamiento y custodia. Sin embargo, en la celda donde estaba, el sujeto encontró todo lo necesario para ahorcarse, tuvo el tiempo necesario para hacerlo, y, por último, estuvo colgado el tiempo suficiente para morir. Escalofriante.
Ante esto, el subjefe de Policía local dijo que no podía decir nada por respeto a la justicia y a la familia, en fiscalía están a la espera de la autopsia que les diga que se suicidó, y el abogado y la familia no dicen nada.
Sin dudas, la apuesta es al olvido, como la de los poliladron, los repuesteros del sexto y tantos otros casos más, coherente todo con la política de las últimas gestiones: ocultarle a la gente la realidad de la inseguridad y sostener el negocio de la impunidad.
Norman Robson para Gualeguay21

















