Rectángulo Image

Un año para la fe

El jueves 11 de Octubre el Papa inauguró solemnemente el “Año de la Fe”. Es un tiempo en el cual estamos llamados a revisar nuestra relación con Dios, ver cómo anda nuestra amistad con Él. A veces se habla o hablamos de la fe de manera inadecuada o, al menos de forma incompleta, corriendo el riesgo de quedarnos con una mirada parcial, reducida y hasta poco cristiana.

El Papa Benedicto XVI recoge la inquietud ya planteada por sus predecesores acerca de “una pérdida preocupante del sentido de lo sagrado, que incluso ha llegado a poner en tela de juicio los fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del hombre como nacer, morir, vivir en una familia, y la referencia a una ley moral natural”. Nos dice el Papa que esto ha provocado en el hombre contemporáneo el surgimiento de un “desierto interior”. Esta imagen es muy expresiva. Hace referencia a un lugar estéril —no hay lugar para vegetación, belleza, color—,  inhóspito. En el desierto se experimenta desorientación, la sed, el riesgo de muerte, el agobio y, también, el deseo y la necesidad de Dios; deseo que por más que se esfuerce el hombre no puede acallar puesto que: “ha sido creado por Dios y para Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica 27).

 

 

 

Este deseo de infinitud, de absoluto, de Dios, diríamos nosotros, no siempre es encaminado de forma adecuada. En efecto, cuando el hombre no se abre a la amistad con Dios para saciar esta sed suele buscar sustitutos que, lejos de plenificar, provocan un hondo sentimiento de vaciedad.

Hay dos imágenes geográficas que expresan de manera vital el impacto en el ser humano de la pérdida de su dimensión trascendente: la crisis de sentido (falta de horizontes) y el naufragio (andar a la deriva sin soberanía sobre la propia vida).

La vida es un regalo de Dios, un hermoso regalo. Dios quiere nuestra felicidad, y sólo Él, que es amor, es capaz de saciar plenamente el corazón humano. Así como Dios toma la iniciativa en la creación, también Él se acerca a nosotros para mostrarnos su amor y entablar un trato de amistad. La fe es la respuesta libre del hombre a esta iniciativa de Dios.

Con ocasión del Año de la Fe se realizarán diversas celebraciones y publicaciones. Si querés podés acceder a unas “Reflexiones pastorales” que acabo de entregar para la Diócesis en www.obispadogchu.org.ar y en esa página también podés encontrar lo que voy escribiendo, con formato de crónicas, sobre mi actividad en el Sínodo que está aconteciendo en Roma.

También en este año estamos llamados a renovar el fervor misionero. “La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo” (Benedicto XVI). La fe es un don de Dios que se afianza cuando se lo comparte con los demás. Este sábado y domingo se realiza en todas las parroquias y capillas una oración especial por las misiones, y la colecta se dedica a ese fin. Con el dinero recaudado se sostienen obras misioneras en todo el mundo: comunidades religiosas, material de catequesis en diversos dialectos, escuelas, salas de salud… Con el aporte de todos sostenemos la predicación de la Buena Noticia de Jesús en muchos lugares del mundo.

Esta primera semana del Sínodo ha sido muy variada en experiencias y enriquecedora. Hemos trabajado todos los días intensamente. En la sala resuenan diversos idiomas, y hay un buen sistema de traducción simultánea para que cada uno pueda participar en su propia lengua.

Tuvimos dos misas presididas por el Papa: el domingo pasado, como apertura del Sínodo, y el jueves iniciando el Año de la Fe. Algunas fotos y comentarios podés seguirlos también en la página del obispado. Seguí rezando por nosotros.

Marcha de antorchas

El 11 de Octubre de 1962 por la noche, la Acción Católica —junto a otras instituciones— organizó una marcha de antorchas a la Plaza San Pedro para acompañar al Papa Juan XXIII y a los obispos de todo el mundo en el Inicio del Concilio Vaticano II.

En Internet se encuentran imágenes conmovedoras de aquella noche, buscando como “Juan XXIII-discurso bajo la luna”. El “Papa Bueno” improvisó estas palabras: “Les diría que hasta la luna se ha apresurado esta noche para mirar este espectáculo”. (…)

“Mi persona no vale nada, es un hermano el que les habla, que ha sido convertido en el Papa por voluntad de Nuestro Señor.”

“Regresando a casa verán a los niños. Denles una caricia a sus niños y díganles, ‘ésta es la caricia del Papa’. Si encuentran algún otro, hagan lo mismo. El Papa está con ustedes, especialmente en el momento de la tristeza y de la amargura.”

Más de 100.000 antorchas había esa noche.

A 50 años, la Acción Católica volvió a convocar a una concentración de saludo al Papa Benedicto XVI en el inicio del Año de la fe. Varias decenas de miles – —muchos de ellos jóvenes— rezaron y cantaron. Las imágenes que se recogieron de la Plaza son hermosas.

La consigna o lema era: “La Iglesia bella del Concilio”. Los animadores del encuentro-oración insistían en que no hacemos memoria de algo pasado, sino compromiso con lo que comenzó a desplegarse como tiempo de gracia. “El gran don de Dios a la Iglesia en el siglo XX”, dijo Juan Pablo II.

Un emotivo encuentro para poner broche a este día.

El 11 de octubre de 2012 yo estaba en la Plaza San Pedro y recé especialmente por la Acción Católica en la Argentina y nuestra Diócesis.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

× HOLA!