Según Argentinos por la Educación, el 30,6 por ciento de los niños, niñas y adolescentes de 4 a 17 años concurren a escuelas donde el ausentismo docente o la suspensión de clases son habituales. Advierten que, lejos de ser un problema menor, esta interrupción crónica del calendario escolar multiplica por 5,4 la probabilidad de que un estudiante aprenda poco o casi nada. Por ejemplo, mientras en nivel inicial el problema alcanza al 13,9 por ciento, en la primaria al 27,3 y en la secundaria al 38,5.
El problema impacta más a los estudiantes de nivel socioeconómico bajo, un 44 por ciento, que a los de medio alto, un 16,8, mientras que, en el conurbano bonaerense, la suspensión frecuente de clases afecta al 44 por ciento de los alumnos.
Tal es así que, desde la entidad también advierten que, según una estimación basada en los datos públicos disponibles, son 30 los días de clase que pierden, en promedio, los estudiantes argentinos, a la vez que, a lo largo de toda la primaria, tienen un año menos de escolaridad. Los factores son el ausentismo estudiantil y docente, los paros y las suspensiones por problemas climáticos o de infraestructura. A pesar de eso, el país no cuenta con un sistema que permita medir con precisión este problema.
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