18 julio, 2024 5:26 pm
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La vida no es una abstracción

En tiempos en que se debate la posibilidad de impedir que la vida se desarrolle en el vientre materno es necesario hablar con claridad.

El lenguaje confuso oscurece también las ideas y las realidades, logrando que buscando a éstas (las realidades) nos quedemos solamente con aquellas (las ideas).

La vida no es una verdad abstracta sino que acontece en un sujeto concreto. Ella —la vida— comienza en un momento puntual, se desarrolla y muere. Es un ciclo natural, como en otras especies. Puede crecer mejor o peor, según las circunstancias le sean favorables o adversas. Y también es factible que termine antes de tiempo si algo le adelanta o provoca la muerte.

Cuando se habla de interrupción voluntaria del embarazo hay que evitar eufemismos. Se “interrumpe” lo que luego puede continuar. Si estoy leyendo un libro o una carta puedo interrumpir la lectura y continuarla luego. Si el embarazo se interrumpe ya no puede seguir en otro momento. Por eso, en realidad se debería decir conclusión o finalización, o simplemente terminar. Si más adelante la mujer vuelve a quedar embarazada, eso no es continuidad. Es otro embarazo, otra vida distinta.

Acerca de lo “voluntario” de tal decisión en estos días también hemos escuchado varias reflexiones. Si de voluntad hablamos, nos encontramos con una realidad tangible: muchas mamás quisieran continuar con el embarazo pero la presión de la familia, si se da durante los estudios secundarios, o del varón golpeador en ámbitos de cultura machista mete mucho miedo. Algunas mujeres sufren incluso pánico que paraliza. Quienes desean continuar con su vida en gestación sufren estas presiones y no son protegidas por este proyecto de ley ni por la sociedad.

Proteger la vida es responsabilidad del Estado. De las dos vidas y de todas las vidas. 

La vida no es una verdad abstracta, sino una realidad concreta. Estar a favor de la vida implica una actitud de compromiso permanente. No basta con proclamar “sí a la vida, no al aborto”. Debemos cuidarnos de no quedar enredados en verdades sin alma, o meramente en proclamar conceptos sin carne.

A veces somos mandados a hacer para señalar a los demás sus responsabilidades, pero sin asumir las propias. Vienen a mi memoria el duro reproche de Jesús a los escribas y fariseos de su tiempo. Él les reprocha que “atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlos ni siquiera con el dedo” (Mt. 23, 4).

Cada vez que leo este pasaje del Evangelio me cuestiono y reviso la vida para cuidarme de esta hipocresía tan común, lamentablemente.

Este fin de semana se está desarrollando una capacitación de voluntarios llevada adelante por GRÁVIDA, siglas que significan “gracias por la vida”. Son hombres y mujeres que se comprometen en acompañar a las embarazadas en riesgo de abortar. Se acercan, escuchan, contienen y asumen el acompañamiento en las necesidades que surjan. Se hacen cargo de la vida naciente, sin estridencias ni grandes declaraciones, sino poniendo el hombro, la oreja y el corazón. También el bolsillo.

En esta misma línea esta semana que pasó se presentó en la Parroquia Cristo Obrero de la Villa 31 de la Ciudad de Buenos Aires el “Hogar del abrazo maternal; centros para “mujeres con embarazos de riesgo o inesperados” que ya funcionan de hecho en muchos casos y que, en otros, se proyectan en ámbitos de capillas, parroquias y Hogares de Cristo. Varias mujeres que “abrazan” de este modo dieron testimonio en rueda de prensa; me quedaron algunas de sus expresiones dando vueltas en el corazón: “Nuestra propuesta no es una campaña en contra de la ley de aborto: es una propuesta de vida”; “Este trabajo ya se viene haciendo, hay continuidad, no hay novedad, hoy se hace público pero se viene acompañando a las mamás en riesgo muy silenciosamente”; “Sabemos que la vida en camino es una esperanza”. ¿Qué te pasa a vos cuando escuchás la voz de estas mujeres solidarias y valientes que abrazan la vida como viene en otras mujeres que llegan con sus historias, su pasado, sus dolores, sus sueños, la vida pequeña creciendo en su vientre?

En las discusiones sobre este proyecto que se está tratando en la Cámara de Senadores debemos evitar las ambigüedades y las abstracciones conceptuales, que muchas veces esconden los problemas verdaderos.

La vida que se inicia tiene corazón, tiene ADN, tiene sensibilidad. Espera desarrollarse y tener DNI, pero ya antes de nacer es sujeto de derechos.

Les quiero agradecer a quienes nos acompañaron con sus oraciones en los días de Retiro Espiritual con los sacerdotes la semana que pasó. Fue un espacio de oración, revisión de vida, cercanía con la gracia de Dios.

Feliz día a todos los amigos, a quienes valoro mucho y guardo en el corazón.

Monseñor Jorge Lozano

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