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Un nacimiento maravilloso, una vida extraordinaria

Hay personas que se destacan desde pequeñas. Otras aparecen con alguna genialidad siendo ya adultos.

Juan Bautista “brilló por su presencia” incluso estando en el vientre de su mamá, Santa Isabel. San Lucas da testimonio diciendo cuando la Virgen vino a visitar a su prima embarazada de Juan: “Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre” (Lc. 1, 41).

Juan fue de este modo, después de la misma Virgen, el primero en percibir y expresar la alegría por la cercanía del Mesías.

El Evangelio nos presenta el nacimiento de Juan como un acontecimiento que es parte del plan de Dios, y no por la simple coincidencia de causas humanas, debido a la ancianidad de Zacarías e Isabel (su papá y su mamá) nadie suponía que podían ya engendrar vida, sin embargo sucedió.

El nombre Juan es de origen hebreo, y significa “el Señor es favorable, muestra su gracia”. Un nombre que trae consigo una vocación, una misión a desarrollar ya desde niño. Su vida es misión. El nacimiento del Bautista es la manifestación del comienzo del cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo. Incluso podemos decir que es el último de los profetas del Antiguo Testamento, y que se adentra con su vida en los albores del Nuevo. Señala la promesa que ya está comenzando a cumplirse.

A él también le fue encomendada la misión, siendo ya joven adulto, de mostrar al Mesías. Nos cuenta el Evangelio que un día “estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba dijo: “este es el Cordero de Dios” (Jn 1, 35 – 36). Juan sabía que él no era la luz sino el testigo que prepara el camino del Señor.

Tan importante es el acontecimiento del nacimiento de Juan que las dos celebraciones más antiguas del cristianismo se ubican el 24 de junio y el 25 de diciembre, a seis meses de diferencia una de otra. En ambos casos corresponde a la noche más larga y más corta del año según en qué hemisferio nos encontramos. La luz adquiere así un simbolismo particular.

Por eso, en torno a esta fiesta, en muchos lugares aún permanece la tradición del fuego y las hogueras como modo de “estirar” la presencia de la luz durante las tinieblas de la noche.

A Juan le tocará también ser el precursor de Jesús con su propia muerte, dando testimonio de la verdad. Se jugó por ella –lo que le ocasionó la cárcel– aunque su predicación fuera incómoda para los poderosos, tanto de las autoridades políticas como religiosas de su tiempo. 

La alegría es Jesús que nos sale al encuentro

Estamos llamados a reconocer en nuestra vida algunas semejanzas con nuestro Patrono. También la vida de cada uno desde la concepción es querida por Dios y expresión de su plan de amor. Nadie vive por casualidad. La vida engendrada ya está en camino y tiene derecho a desarrollarse.

Cada vez más voces se van sumando en rechazo a la media sanción de la Cámara de Diputados por escaso margen, y con sospechas de cambios de votos por favores. En la Provincia de San Juan muchos hombres y mujeres de profesión médica, obstetras, ginecólogos, enfermeros, asistentes, están exponiendo su rechazo y grave preocupación. Quieren expresarlo públicamente el próximo viernes 29 de junio a las 11 hs con un “abrazo” simbólico al Hospital Rawson.

Como nos enseña Francisco “mi vida es misión”, no es algo agregado desde afuera. 

Hay un intento muy fuerte de avasallar las libertades personales e institucionales como nunca hemos visto. Una especie de totalitarismo ideológico que pretende por la fuerza ir en contra de la propia conciencia y de los idearios institucionales vinculados a la salud y la vida. 

No nos dejemos vencer por las dificultades por grandes que sean.

Las dificultades y desafíos de este tiempo son realmente muy grandes. El riesgo de achicarnos o encerrarnos no nos está permitido. Hagamos todo lo posible para que nuestra voz a favor de la vida sea escuchada o valorada. Porque Vale toda Vida.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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