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Juancito: Copnaf y la justicia familiar miran para otro lado

Por la tradicional inacción de los responsables del Copnaf y del Juzgado de Familia, un menor, con una trágica historia de consumo y delito, y que, por ello, había sido internado en un instituto de rehabilitación, volvió hace tres semanas al barrio y ya está sindicado como autor de un robo a una mujer mayor. Un caso en el cual se pone en evidencia la indiferencia de los agentes del Estado por su situación, y por lo que de ésta podría surgir, como la muerte de él o la de una de sus víctimas.

En octubre de 2022, desde Gualeguay21 ya advertíamos sobre la vida de Juancito (nombre ficticio), entre el abandono, la droga, y un Estado que sabe de los peligros que representa eso para él y otros pero poco le interesa.

“Juancito es uno de siete hermanos, y se crió como pudo la mamá. Primero en un barrio, y después en otro, siempre acompañado por la violencia y la impotencia”, contamos entonces. Dejó la escuela al principio y se especializó en idear herramientas caseras para concretarlas, desde gomeras hasta facas y tumberas, probándolas con los vecinos.

Un niño cuya normalidad fue siempre el caos, el desorden y el irrespeto, al grado de llegar al extremo de blandir una cuchilla y estocar a otro niño sin ningún reparo. Ya lo había hecho con un perro.

Desde un principio fue incontrolable, pues ya era adicto, pendenciero y sin escrúpulos conocidos, a la vez que no tenía hogar, ni afectos de algún tipo, lo cual lo llevaba a dormir donde lo agarrara la noche. Sus anécdotas más preciadas eran agredir policías, atacar a un juez y hasta enfrentar malvivientes, quienes ya advirtieron que lo van a matar.

En noviembre de aquel año volvió a ser noticia en Gualeguay21. Nadie hacía lo que había que hacer para internarlo en un instituto de rehabilitación y llegó al extremo de que, en solo seis días, entró y salió de Jefatura cinco veces, por robarse tres motos, una caja de herramientas, y por dañar a piedrazos un auto.

Entonces ya todos los pronósticos advertían sobre un cada vez más posible final trágico para Juancito, del cual nadie podrá sorprenderse. A pesar de eso, ya a nadie parecía importarle su destino, y sigue siendo así.

Finalmente, en el otoño pasado, se lo pudo internar, pero hoy, Juancito, ya con 15 años, está de vuelta. Una mañana a principios del mes pasado, se sorprendió el barrio al verlo, y la semana pasada ya estaba sindicado por un robo a una abuela mayor mientras ésta dormía. Pero Juancito sigue libre porque así lo decide un sistema coptado por irresponsables.

Aquella mañana de la semana pasada, una abuela de 75 años, jubilada, que vive sobre calle Urquiza, se levantó y se encontró con un gran desorden. Ante el miedo, llamó a su yerno y juntos descubrieron que la reja de una ventana que da al patio la habían retirado completa. Sin dudas, habían ingresado personas desconocidas a la vivienda mientras ella dormía. Al revisar distintas cámaras de video vigilancia, la Policía identificó a Juancito como autor del hecho.

Ahora bien, más allá del hecho, despierta escalofríos entre los seguidores del tema solo imaginar el desenlace si la abuela se hubiese despertado y descubierto dentro de su casa a Juancito.

Pero éste tipo de preocupaciones no las viven quienes son responsables de la vida de este jovencito. Ni a Eugenia Quintana, ni a Pablo Guercovich, ni, mucho menos, a Gamal Taleb les preocupa en absoluto la vida de éste niño, ni la de quienes él se pueda cargar. Solo las mieles de sus cargos.

Ésta es la realidad de Juancito, víctima de un sistema regenteado por funcionarios de onerosos sueldos y poco interes por sus responsabilidades, sin importar cuáles sean éstas. Tal es así que se rajan las vestiduras si alguien dice su nombre, pero no las miserias a las que debe sobrevivir.

Así no es difícil imaginar cuál será el final de esta historia, ni imaginar quienes serán, con nombre y apellido, los verdaderos artífices de ese final.

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Norman Robson para Gualeguay21

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