Litio: Magnitudes de un negocio que crece en la región
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Según el estudio “Litio y derechos humanos en los salares altoandinos de Argentina, Bolivia y Chile”, elaborado por el Observatorio Ciudadano con apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, la zona conocida como el Triángulo del litio, conformada por los salares altoandinos de Argentina, Bolivia y Chile, concentra la mitad de las reservas mundiales del mineral y aporta casi un tercio de la producción global.
En tal sentido, en el artículo de la Agencia de Noticias InnContext señala que en el presente contexto de creciente demanda internacional y tensiones ambientales, Chile y Argentina son grandes protagonistas, ya que su producción de sales de litio representó, en 2024 el 29 porciento del total mundial.
En lo que se refiere al comercio, por ejemplo, Chile exportó en 2022 más de 8.546 millones de dólares, el equivalente al 4 porciento de su PBI. Por su parte, Argentina exportó 631 millones en 2024, y Bolivia, en 2023, apenas 22,5 millones, pero con una proyección de alcanzar los 500 millones anuales hacia 2030.
En la región, este mineral se concentra en salares del norte chileno, del sudoeste boliviano y del noroeste argentino. Según el informe Mineral Commodity Summaries 2025 del Servicio Geológico de los Estados Unidos, la producción mundial de litio alcanzó las 240 mil toneladas en 2024, y los principales productores fueron Australia con 88 mil toneladas, Chile con 49 mil, China con 41 mil, Zimbabue con 22 mil, y Argentina con 18 mil, mientras que Bolivia produjo solo 3 mil.
Por otro lado, vale remarcar que, según la Agencia Internacional de Energía, la demanda global de litio alcanzó 920 mil toneladas en 2023 y podría llegar a 1,4 millones en 2025, lo que significaría un aumento del 52 porciento. Para cumplir los compromisos del Acuerdo de París, la producción mundial debería multiplicarse por 42 antes de 2040.
Ahora bien, en lo que se refiere al medioambiente, el informe advierte sobre los impactos asociados a la extracción de salmueras, en particular la pérdida de agua y el deterioro de ecosistemas frágiles. Por ejemplo, en el Salar de Atacama, Chile, los estudios registran una caída de más de 10 metros en los niveles freáticos y un hundimiento del terreno de hasta 2 centímetros por año. Otro ejemplo es Catamarca, Argentina, donde la Justicia suspendió nuevas licencias hasta contar con un estudio ambiental integral.
Por último, respecto del impacto social de la actividad en la región, el trabajo señala que, como más de 200 comunidades indígenas, aymara, quechua, lickanantay y colla, entre otras, viven en torno a los salares altoandinos, y no estarían siendo consultadas o participadas, el informe recomienda a los gobiernos reforzar la supervisión ambiental, garantizar los derechos territoriales indígenas, y promover una transición energética justa que no agrave las desigualdades sociales.
Gualeguay21
