Este concepto es importante porque diferencia lo relativo del relativismo, así como el fundamento del fundamentalismo. La propuesta es asumir una verdad absoluta y total, que está fuera de la dimensión del ser humano, puesta en D-s o donde cada uno elija. Este planteo nos ubica en un nivel de simetría humana, con verdades para cada uno, como si fueran únicas, totales y absolutas, aunque sean relativas; el otro puede tener las suyas, con idéntica potencia y estatus. Al ser relativa en relación a una verdad absoluta que no nos pertenece, cada una de estas verdades no implica un relativismo, donde todo vale, todo da igual.
Como ninguno posee la auténtica verdad en términos absolutos, parecería que entonces ninguna tiene sentido. Por el contrario, cada uno tiene que construir su realidad en un sistema coherente, basado en su verdad, sin imponérsela a otro, ni dejar de ser auténtico, íntegro, con la verdad que propone. Es ahí donde surge el principio del fundamento. En él, cada uno funda su lugar existencial de construcción de sentido, y deviene humano, desde la esfera de las coordenadas de valores, virtudes, construcciones culturales, prácticas, instituciones.
Más al llevarlo a un “ismo”, a un fundamentalismo, si no es mi fundamento el que se asume, nada sirve, nada vale. Un fundamentalismo —cualquiera sea— es el extremo por el cual impongo mi fundamento a los demás. De esta forma, nace un fanático que no es sino un violento, que debe ser contenido y neutralizado por la ley que, sin concesión alguna, sea pacíficamente “intolerante” con su prepotencia, y lo limite en su accionar más allá de todo fundamento que intente argumentar.
Rabino Sergio Bergman

8 septiembre, 2026 8:14 pm/
La semana pasada, el ex gobernador Sergio Daniel Urribarri, junto a sus secuaces Pedro Báez y...

















