Julio García, a un mes de su partida

Cuando integramos comisiones de distinta naturaleza, nos convocamos voluntariamente tras un objetivo; tal el caso de nuestra Corporación para el desarrollo de Gualeguay, formada como es sabido, por numerosas instituciones de primer grado de nuestra ciudad.
Hasta acá lo formal, y a partir de aquí, lo humano, el calor, la impronta que las personas le ponen a su accionar; entonces aparece Julito (diminutivo por Julio García padre, Yuyi para los amigos), como actor principal, que ganara espacio con su personalidad tan especial, de amable componedor, de estratega objetivo frente al devenir de los hechos, de amplia sonrisa, de jocosa sonoridad, de firmeza en sus convicciones, pero sobre todo, dueño de un trato cordial que hacía de nuestros encuentros a veces gratos, otros ingratos, en casos numerosos en concurrencia o bien escasos; momentos plenamente cálidos y vivibles, donde en medio de las responsabilidades aparecía una anécdota histórica (apasionado lector de la historia) o una experiencia de elaboración culinaria (distintos tipos de agua miel) que Él exponía a la consideración y que probábamos gustosos.
Era nuestro presidente, representante a su vez de dos instituciones, aunque formalmente lo era del Aéreo Club Gualeguay, habiendo sido tesorero en representación de la Sociedad Rural Gualeguay; además de activo profesional de las Ciencias Veterinarias; pero por sobre todas las cosas era un amigo, y la condición perdurará en el recuerdo.
Representante y nexo con instituciones que procuramos adherir a nuestros proyectos y objetivos, y calificado contacto con personas a quienes entusiastamente interesaba a sumarse como inversores, al siempre vigente objetivo de desarrollo turístico y por ende económico para la comunidad, el Complejo termal Gualeguay.
En el último tiempo se había excusado de participar activamente por la humana y afectiva tarea de acompañar en todo momento a su querido padre, que sobrellevaba una penosa enfermedad y que Julito celosamente trataba de morigerar. En ese trajín lo sorprendió la muerte, ese denominador común a todos los seres vivos, y que lamentamos siempre a la vez que para quienes creemos en un ser superior, es la hermosa morada donde un día nos encontraremos.
Convencidos de que los reconocimientos en vida son mejores para el merecedor que los póstumos; le dimos en vida el lugar que se ganó, lo homenajeamos por sus condiciones que sucintamente plasmamos en esta nota, revelando la intimidad de su aporte para conocimiento de la comunidad… aunque siempre queda algo en el tintero, o sea, mucho más por hacer y decir que lo dicho y hecho.
Parafraseando a Alberto Cortés, cuando un amigo se va queda une espacio vacío… eso era Juli. 
Corporación para el desarrollo de Gualeguay

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