Las 20 mentiras del kirchnerismo

Al cabo de sus gobiernos, y de su muerte, diferentes personajes políticos, enraizados en el seno del partido, han usurpado el sello peronista como nuevos mesías, aunque ninguno supo interpretar, mucho menos aplicar, la esencia filosófica del movimiento.
Ni Isabelita en aquellos tiempos, ni Menem no hace mucho, ni Kirchner después, ni Cristina ahora.
Cada uno de estos, con la excusa de que el peronismo es un movimiento y no un partido, ha bastardeado y traicionado sus argumentos fundacionales en detrimento de los intereses del pueblo y en beneficio de su manejo del poder.
Ahora bien, de todos estos gobiernos seudoperonistas, ninguno se ha apartado tanto de la doctrina justicialista como lo han hecho estas últimas gestiones de Cristina.
Mientras que Perón, desde sus inicios, pregonaba gobernar a través de políticas públicas por y para el pueblo, los últimos gobiernos que usufructuaron el sello justicialista solo improvisaron gestiones con medidas cortoplacistas en beneficio de unos pocos, y se sostuvieron en el poder gracias a la ausencia de alternativas opositoras y a las suculentas cajas bien engordadas por las retenciones a la soja.
Prueba de esta traición a la doctrina justicialista de Perón, inspirada en el pueblo, es una comparación, definitivamente odiosa, de cada una de sus veinte verdades con la realidad de la gestión kirchnerista.
Veamos…
La primera verdad
“La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere, y defiende un solo interés: el del pueblo”. Pero el discurso y las acciones políticas del kirchnerismo exponen un favoritismo por una parte en contra de la otra, dividiendo al pueblo.
La segunda verdad
“El peronismo es esencialmente popular, y todo circulo político es antipopular y, por lo tanto, no peronista”. Pero las contradicciones entre el discurso y la acción política del kirchnerismo reflejan una esencia antipopular y exclusiva de su círculo político.
La tercera verdad
“El peronista trabaja para el movimiento, y el que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo, lo es sólo de nombre”. Pero salta a la vista que la política partidaria del kirchnerismo hace mucho que abandonó el camino del movimiento y solo lidera gestiones cortoplacistas para la perpetuación de su círculo en el poder.
La cuarta verdad
“No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”. Pero la política laboral y de subsidios aplicada por el kirchnerismo engrosa cada día las huestes de una nueva clase pasiva que, sin trabajar, cobran del estado, sea un subsidio o un contrato o un cargo, postergando así al trabajador y degradando su trabajo.
La quinta verdad
“El trabajo es un derecho, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca, por lo menos, lo que consume”. Pero la evolución del producto bruto interno durante el kirchnerismo demuestra que se incrementa día a día el universo de individuos que ni siquiera producen lo que consumen.
La sexta verdad
“Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”. Pero el kirchnerismo prefirió interpretar este argumento de identidad y pertenencia como excusa para la discriminación, la disgregación, y la persecución política
La séptima verdad
“Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser, porque cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca”. Pero, día a día, el kirchnerismo exhibe, en su actitud, una  exaltada soberbia, desbordante de arrogancia y desprecio por todo aquello que no le es cómodo, funcional o conveniente.
La octava verdad
“En la acción política la escala de valores de todo peronista es la siguiente: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres”. Pero la acción del kirchnerismo se concentra en su círculo y su universo de conveniencia, sin consideraciones por el movimiento y, mucho menos, por la patria.
La novena verdad
“La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional”. Pero las medidas tomadas por el kirchnerismo desnudan su visión de la política solo como medio al servicio de los intereses de su exclusivo círculo.
La décima verdad
“Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social, y con ellos damos al pueblo un abrazo de justicia y amor”. Pero la política social del kirchnerismo solo llega al pueblo, cuando llega, como clientelismo intrascendente que termina sembrando exclusión, injusticia y odio.
La onceava verdad
“El peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha, desea héroes y no mártires”. Pero la política kirchnerista ha demostrado una profunda antipatía por la unidad nacional, siempre privilegiando el enfrentamiento y la violencia por sobre la sana convivencia entre hermanos.
La doceava verdad
“Los únicos privilegiados son los niños”. Pero la política kirchnerista ha permitido el avance de la droga y la delincuencia juvenil, y una cada vez más ineficiente educación, comprometiendo seriamente el desarrollo integral de nuestros niños.
La decimotercera verdad
“Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma, y, por eso, el peronismo tiene una doctrina política, económica y social: el Justicialismo”. Pero las medidas y acciones del kirchnerismo desnudan la inexistencia de cualquier contenido filosófico o ideológico y una absoluta incoherencia política.
La decimocuarta verdad
“El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista”. Pero el evidente vacío filosófico e ideológico del kirchnerismo pone en evidencia un anarquismo intelectual ajeno a los valores sociales.
La decimoquinta verdad
“Como doctrina política, el Justicialismo promueve el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad”. Pero los actos políticos del kirchnerismo han degradado el estado de derecho privando al individuo de las garantías básicas, tanto en lo individual como en lo comunal.
La decimosexta verdad
“Como doctrina económica, el Justicialismo practica la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social”. Pero las medidas económicas del kirchnerismo nunca apuntaron a desarrollar una economía social sustentable, sino que se limitaron a inyectar recursos sin un marco estratégico de desarrollo sectorial o territorial, solo por el efímero impacto político del momento.
La decimoséptima verdad
“Como doctrina social el Justicialismo practica la justicia social, que da a cada persona su derecho en función social”. Pero la acción social del kirchnerismo no ha logrado llegar a los sectores más demandantes con los derechos humanos más básicos.
La decimoctava verdad
“Queremos una Argentina socialmente Justa, económicamente Libre y políticamente Soberana”. Pero el kirchnerismo ha llevado al país a una realidad social, económica y política donde impera la injusticia social, se improvisa con medidas económicas coercitivas, y se ha degradado la política llevándola a niveles de corrupción jamás vistos.
La decimonovena verdad
“Constituimos un gobierno centralizado, un estado organizado y un pueblo libre”. Pero el kirchnerismo, practica una concentración absoluta y totalitaria del poder, explotando el caos, la confusión y la división de la sociedad, y sometiendo al pueblo a un régimen de eterna postergación.
La veinteava verdad
“En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo”. Pero la actitud del kirchnerismo demuestra su irrespeto y desprecio por el pueblo, relegándolo al final de sus prioridades, desperdiciando el enorme capital social de la patria.
Conclusiones
Como se puede apreciar, al final de un análisis individual de cada una de las veinte verdades del peronismo, lejos de su discurso, sus banderas y sus sellos, el kirchnerismo nada tiene que ver con el peronismo ni con el justicialismo.
De acuerdo a las comparaciones realizadas, el kirchnerismo se encuentra en las antípodas del peronismo, profesando una cultura corrupta y capitalista, administrando el estado de forma oligárquica y antinacionalista, en beneficio de un círculo exclusivo y en desmedro del pueblo trabajador.
Cuando el gobierno, su proyecto netamente antinacional y antipopular, su exclusivo círculo de corruptos funcionarios, o su universo de seudomilitantes se dicen peronistas, no solo están profanando el legado del General Perón, sino que están convirtiendo sus veinte verdades en veinte grandes mentiras.
“No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología, somos lo que las veinte verdades peronistas dicen”, dijo Juan Domingo Perón, pero al oportunismo ideológicamente híbrido que hoy ostenta el poder no le importó.
Norman Robson para Gualeguay21

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