Entre los contenidos de las notas, se sindica al escribano como autor intelectual de una “maniobra fraudulenta por la cual intentó quedarse con un importante campo y otros inmuebles de un fallecido hacendado de Gualeguay”, cuando en la causa no hay ningún campo ni Ascar era un “hacendado”.
Federico Malvasio, de la redacción de Página Judicial, asegura que Gastaldi ”ingresó en un tenebroso túnel judicial”, sosteniendo que un expediente “lo tiene acorralado luego de ser imputado por una escandalosa estafa”.
Malvasio, a pesar de ser una causa que recién comienza sus pasos en la justicia, y sobre la cual no hay nada cierto aún, asegura que el Escribano Mayor de Gobierno fue “el arquitecto de un fideicomiso fraudulento que tuvo como objetivo desheredar de una importante fortuna a una hija no reconocida por un hacendado de Gualeguay”.
Tal es la desafortunada desinformación sobre la que se basa el medio que se refiere al hijo del escribano como un “joven escribano”, cuando es un reconocido ingeniero agrónomo, y lo involucra en la “administración fraudulenta del fideicomiso en el cual recayeron los bienes de la heredera”.
Según Página Judicial, la historia comienza cuando María Andrea Martínez se presentó en el domicilio de Héctor Alfredo Ascar para revelarle que era su hija”, y asevera que “éste eligió descreer”, y a partir de allí vierte “jugosos” detalles propios de una telenovela aunque lejos de figurar en la causa.
Respecto de la causa en sí, Malvasio indica que el 7 de marzo de 2007, María promovió una demanda de filiación contra Ascar en el Juzgado Civil y Comercial Nº 1 de la ciudad de Gualeguay, reclamando 300.000 pesos en concepto de daños y perjuicios, juicio que, según sabe ese periodista, se paralizó por tecnicismos permitiéndole a Ascar vaciar su patrimonio, cuando en realidad, con hijos o sin hijos, Ascar podía disponer de sus bienes según él lo creyese conveniente.
Refiriéndose siempre como hacendado a quien ostentaba solo pequeños lotes de chacras y campitos, Malvasio arbitrariamente sostiene que Ascar creo el fideicomiso para no dejarle nada a su heredera, siendo que cualquier ciudadano de este país está facultado a crear un fideicomiso cuando y donde quiera sin el consentimiento de sus hijos.
Tan poco fraudulenta fue la creación del fideicomiso que Ascar nombró a su compañera Rosa Ahibe, al agrónomo Gastaldi y a un tal Rodríguez como fiduciarios.
Por otro lado, Malvasio también relata los detalles desprolijos de la confección del fideicomiso, en un acto viciado entre dos escribanías, pero que, si este fuera cierto, no implica un delito ni invalidaría el fideicomiso, sino que podría costarles la matrícula a los escribanos involucrados.
Pero el detalle más perverso del artículo surge cuando Malvasio dice que “cuando Ascar estaba enfermo, y para obstaculizar cualquier reclamo filiatorio, el funcionario de carrera y ex intendente de Gualeguay le pidió a Ahibe que creme el cuerpo del hacendado”, lo cual califica como “maquiavélico”, algo que no es así ni hace a la causa en cuestión.
Por último, el periodista de Página Judicial cierra su artículo pleno en imprecisiones y prejuicios diciendo: “Así, el hombre que tiene la firma de cada acto de gobierno, es investigado por la Justicia y por sus pares”, desnudando su clara intención de exponer al escribano Gastaldi y no informar sobre la causa.
Lo cierto de todo esto
Es cierto que hay un fideicomiso hecho por Ascar en vida en pleno derecho y en pleno uso de sus facultades.
Es cierto que hay una concubina de muchos años que reclama sus derechos sobre los bienes sucesorios.
Es cierto que hay una hija natural que también reclama sus derechos sobre los bienes sucesorios.
Es cierto que no están en discusión los derechos sucesorios ni de la concubina ni de la hija.
Es cierto que existen dudas sobre la legitimidad del fideicomiso porque en su creación podrían haber actuado dos escribanías cuando debería haberlo hecho una sola.
Es cierto que, por disposiciones profesionales, la escribanía de Ascar no podía actuar porque un familiar era parte del fideicomiso.
Es cierto que es común en estos casos se ceda el trabajo a una escribanía colega.
Y, finalmente, es cierto que hay intereses políticos alentando la animosidad contra el escribano por actitudes tomadas por este.
Ahora bien, a partir de todo esto la justicia deberá determinar, en primer término, si el fideicomiso es legítimo o no, y luego, de ser ilegítimo, deberá determinar si esa ilegitimidad es, de alguna manera, parte de un fraude.
Definitivamente, el caso Ascar, el cual avanza en la justicia, promete dar mucho que hablar, tal es así que en los corredores de tribunales circula la versión de que las ansiedades del Gobernador, enojado con Gastaldi por su migración al massismo, y del Diputado Vittulo, enojado con Gastaldi por negarse éste a alguna cuestión, no les permiten esperar a la Justicia y apuran, a través de los medios afines, una arbitraria condena social contra el escribano y su familia a partir de datos parciales sobre la causa.
Gualeguay21

8 septiembre, 2026 8:14 pm/
La semana pasada, el ex gobernador Sergio Daniel Urribarri, junto a sus secuaces Pedro Báez y...

















