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Semana liberada


El mes próximo coinciden en Paraná varios presidentes del mundo generando, entre otras cosas, una gran demanda de seguridad, la cual el gobierno pretende brindar desprotegiendo el ya bastante desprotegido interior de la provincia.

Haciendo nuevamente honor a su ya clásica escases de recursos intelectuales, el gobierno recurre a la reiterada política del parche: destapando en un lado para tapar en otro.
Pero esta vez, la flaca consciencia del gobierno expone a los entrerrianos que no vivimos en la capital provincial a un tan exagerado como innecesario riesgo de inseguridad, solo para que quien ostenta el poder pueda florearse a nivel nacional con sus pretensiones presidenciales.
De acuerdo a trascendidos que surgen desde el edificio de calle Rivadavia en Paraná, cada uno de los diecisiete departamentos entrerrianos se desprenderá de un mínimo de 50 hombres que serán apostados en diferentes lugares de la anfitriona ciudad desde días antes hasta días después de la cumbre.
Esta cantidad de efectivos, que en total rondaría el millar, no representaría una cifra importante a primera vista, pero en las menguadas tropas departamentales son más que significativas e impactan negativamente debilitando su funcionamiento.
A modo de ejemplo, analicemos el impacto de los números en Gualeguay.
La realidad de nuestro departamento es que tenemos casi 290 funcionarios, de los cuales 25 son jefes, unos 60 son administrativos y otros 20 gozan de licencia por diferentes causas.
Según estos datos, hay en el departamento poco más de 180 funcionarios de calle, de los cuales 50 están distribuidos por el interior del mismo, mientras que en esta ciudad solo quedan alrededor de 130 efectivos de calle.
Ahora bien, si de estos 130 efectivos el gobierno se lleva 50 a Paraná para ostentar un súper despliegue de seguridad, está exponiendo a nuestra ciudad a una disminución del orden del 40 por ciento, debilitándola peligrosamente.
Por otro lado, cabe destacar, también, que semejante reducción generará una exagerada carga de trabajo sobre quienes queden en sus respectivas reparticiones, quienes serán sometidos, so penas graves, o sea, coaccionados, a trabajar horarios extendidos.
En este sentido, es inevitable recordar lo ocurrido para esta época del año pasado, y pensar que, aparte de lo riesgoso para la comunidad, esta medida también puede resultar inoportuna, ya que alimenta la tensión en un sector de trabajadores explotados sin ninguna protección gremial.
Definitivamente, la medida se presenta como en extremo peligrosa, especialmente cuando en la actualidad la información se filtra, trasciende y fluye velozmente, tanto hacia la prensa como hacia otros sectores que pueden utilizarla no precisamente en beneficio de la sociedad.
Del mismo modo, a partir de este escenario, surge la inquietud sobre si realmente esto es necesario y si no existen otras alternativas, a la vez que se impone, inevitable, la pregunta sobre si no se pueden redestinar los cientos de efectivos de Gendarmería afectados al control del tránsito en las principales ciudades del país.
Solo un par de semanas nos separan de esta cita entrerriana con parte del poder del mundo, y a los entrerrianos solo nos queda rezar para que quienes tienen en sus manos la seguridad de la provincia obren con la debida responsabilidad..
Norman Robson para Gualeguay21

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