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Y oscureció nomás


El pasado 26 de agosto advertimos desde Gualeguay21, en una columna titulada Aclaren que oscurece, sobre rumores de coimas y denuncias que habrían hecho que la Liga apartara a un árbitro del calendario de partidos, lo que motivaría un juicio laboral contra la propia Liga.

Pasó el tiempo sin que nadie hiciera nada y, como era de esperarse, hoy la Liga de Futbol Gualeguay, sociedad civil con personería jurídica y organizadora del futbol local, recibe una demanda laboral por parte de un árbitro que llevaba 25 años dirigiendo para la misma.
Este árbitro se dio por despedido después de que le suspendieran las designaciones, aduciendo ridículamente que él no había ido a buscarlas, algo que, a pesar de ser mentira, luego aprovecharon y lo sancionaron por 3 meses.
Lo cierto es que no se sabe cuáles fueron las razones por la cual este trabajador del deporte se vio afectado.
No se sabe si fue por el incumplimiento o mal desempeño de las funciones de árbitro, por la incompetencia de la Liga de no saber manejar una situación delicada, o, simplemente, y como se sospechaba desde un principio, por no querer exponer públicamente un hecho de soborno.
Sea como sea, esta aparente cama le significó al árbitro tres meses sin trabajo, tres meses sin los cuatro mil pesos que recibía hasta ese momento por arbitrar.
En definitiva, existió un acto de injusticia que, al no existir colegio u otro tipo de agremiación que lo defienda, algo que por estatutos debería existir y convenientemente siempre se evitó, el árbitro afectado debió recurrir a la Justicia ordinaria.
Si bien es cierto que un juicio de estas características pone en riesgo al futbol local y a los clubes, la Justicia es clara en este sentido y sabido es que nada es sólido contra un trabajador informal en el marco de un juicio laboral.
Por lo tanto, por más que un abogado mediático y divorciado de la ética pretenda poner la ley y la justicia en segundo plano, como es su costumbre, lo cierto es que un trabajador del deporte, del futbol en este caso, se vio afectado por el incumplimiento de la ley por parte de la patronal, en este caso, la Liga de Futbol local.
O sea, por más que un abogado acostumbrado a victimizar públicamente a los que delinquen llore al aire porque los clubes venden pollo los fines de semana, lo cierto es que la sociedad se verá afectada por el mal desempeño de controvertidos dirigentes que no supieron manejarse dentro del marco de la ley.
Ante un posible hecho de cohecho en uno o más partidos, la Liga, en lugar de exponer al dirigente y al árbitro implicados, dejó sin trabajo al último, quien, aprovechando la informalidad bajo la cual se encontraba trabajando, respondió con una demanda millonaria que puede llevar a la quiebra al futbol local.
¿De quién es la culpa? ¿Del árbitro despedido por una corrupción encubierta, del dirigente presuntamente encubierto, o de la incompetente administración de la Liga?
¿Qué dirá de todo esto el Presidente de la Liga? ¿Está?
Norman Robson para Gualeguay21

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