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En el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, un cuento

Los argentinos conocimos el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia en el marco de un gobierno populista que lo creó para validar un falso relato, lleno de mentiras e injusticias, que validara una memoria selectiva de los hechos. En 2014, consciente de esta realidad, escribí Preludio del terror. Se trata de una ficción con hechos y personajes reales que se desarrolla al termino de la democracia en la noche del 24 de marzo de 1976. Un pequeño aporte a la verdad, la justicia y la memoria.

Este cuento es fruto de varios días de investigación en los que se compilaron todos los hechos de violencia ocurridos desde 1973 hasta la noche del golpe, de las reuniones fundacionales de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, y del contexto político, social y económico de aquella época, a la vez que rescata personajes que fueron protagonistas de la misma.

Preludio del terror

Su estudio era austero. Un escritorio chico de caoba, tal vez comprado en San Telmo, un sillón con apoyabrazos, dos sillas, una biblioteca, a lo mejor traída de la casa paterna, un velador de bronce encendido, el título de abogado detrás del escritorio, y un cuadro de Yrigoyen al frente.

Casi todo en su vida era sencillo, a pesar de que en poco tiempo cumpliría los cincuenta años, de los cuales llevaba la mitad en la profesión, más de veinte años en política y, en ese momento, ya era diputado nacional por segunda vez.

El Gordo era así, pero esa noche no podía dormir. El teléfono no había dejado de sonar, así que había resuelto pasarla sentado en su estudio. Viendo que venía para largo, María, su mujer, incondicional desde hacía más de 25 años, le había traído el mate. Ella era testigo de su compromiso.

Era más de las tres de la mañana. “Comunicado número uno de la Junta de Comandantes Generales”, comenzó a transmitir la radio. Y siguió: “Se comunica a la población que a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas…”. Isabelita ya descansaba en un castillo frente al Nahuel Huapí.

Habiendo sido concejal, diputado provincial y las dos veces diputado nacional, habiendo estado dos veces preso, con la Libertadora y con Onganía, el Gordo nunca había estado tan preocupado como esa noche. Esta vez era diferente. “La escalada de violencia de los últimos años, el odio, que se yo…”, solía pensar.

La radio recomendaba “a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de la autoridad militar, de seguridad o policial…”.

Firmaban el Teniente General Jorge Rafael Videla, el Almirante Emilio Eduardo Massera y el Brigadier Orlando Ramón Agosti. Desde aquel momento, el Gordo comenzó a escuchar Radio Colonia.

Ya regían el estado de sitio y la ley marcial a lo largo y ancho del territorio nacional, para todos aquellos que pisaran su suelo.

Las cavilaciones lo habían llevado a recordar la maratón de reuniones previas a que fundaran la APDH. “Cuanta razón teníamos”, pensó parado al lado del escritorio, en las penumbras, mientras se cebaba un mate y miraba por la ventana hacia las todavía desiertas calles porteñas.

“Creo que todos los que fuimos a la Casa de Nazareth aquel día, en cierta forma, fuimos porque, íntimamente, temíamos esto”, se le escapó en voz baja. Es que todos los que aquel día de diciembre se reunieron en la Manzana de la Caridad para fundar la Asamblea, desde su inocencia, pretendían construir una salida democrática y pacífica al problema. Querían evitar esto.

Mientras sobre su escritorio descansaba, abierto, el informe que le habían pasado los muchachos de la Cámara, por la Avenida Santa Fe se escuchaban pasar los primeros camiones y tanques del Ejército. En el país, rápidamente, ya se instalaba el miedo.

“Violencia en democracia” se titulaba el informe. “Eso no fue democracia”, se retó a sí mismo, y tachó la palabra con un marcador negro que tenía a mano. Se lo habían pasado la semana anterior. Más oportuno imposible. Con este detalle se le presentaban al Gordo muchísimos interrogantes: ¿Cómo aplacarán la violencia imperante sin generar mucha más violencia?

El viejo teléfono Erikson negro volvió a sonar. Eran amigos que se despedían. La radio recordó que la Argentina, hasta unas horas antes, era el único país del Cono Sur que aún mantenía un régimen democrático. “Era”, repitió el Gordo para sí mismo.

Así fue que volvió a recordar aquella reunión en Nazareth y a la anciana dirigente socialista insistiendo sobre que los derechos humanos debían enseñarse como la catequesis. Una mueca de sonrisa asomó por debajo de su bigote.

El informe, abierto frente a él, llamaba su atención. En él se resumían los treinta y seis meses de democracia de Cámpora, Perón, López Rega e Isabelita. Detallaba los treinta y seis meses de terror, de sangre, de flagrante violación de los derechos del hombre. El Gordo comenzó a leerlo.

“Marzo 1973… El FREJULI gana las elecciones generales por abrumadora mayoría llevando como candidato a Cámpora… El ERP asalta la central termonuclear de Atucha…”.

“Ahí empezó todo”, pensó. Un nuevo llamado hace sonar el Erikson negro. El Gordo recibe versiones sobre detenciones. El Ejército copa puntos estratégicos de la ciudad.

“Abril 1973… Guerrilleros asesinan al Almirante Hermes Quijada y a Oberdan Sallustro… Secuestran al contraalmirante Francisco Agustín Alemán…”.

“Mayo 1973… El ERP libera a Aaron Beilenson luego del pago de un millón de dólares…”.

Era el comienzo de aquellos años locos.

El Gordo recordó que en aquel encuentro de la Asamblea, donde había de todos los sectores, alguien había sugerido que esta debía ser permanente. No pudo recordar quien fue.

Definitivamente, con esto que se venía, tenía que serlo. “¿Será para tanto?”, se preguntó esperanzado.

Una voz en la radio invitaba a comprar el nuevo Dodge 1500. Otra voz, más grave, resumía noticias sobre el impacto del golpe en las principales ciudades del interior. El Gordo continuó leyendo el parte.

“Junio 1973… Montoneros y la derecha se enfrentan en Ezeiza a la llegada de Perón… La Policía de Córdoba asesina a Eduardo Jiménez, del ERP, cuando pegaba afiches… El ERP secuestra a John Thompson, de Firestone, en Lomas de Zamora…”.

Cada mes se presentaba peor que el otro. El Gordo recordó los relatos que le llegaron de Ezeiza, los crudos y violentos enfrentamientos entre las facciones internas del peronismo. “¿Quién podía pensar que eso se podía recomponer?”, se preguntó.

“Julio 1973… Un guardaespaldas de Rucci asesina a Benito Spahn, de la Juventud Peronista… El ERP libera a John Thompson, de Firestone, tras el pago de tres millones de dólares…”.

“Agosto 1973… Secuestran y torturan a Cirilo Heredia, un joven de 17 años de la Juventud Peronista… Militantes anticomunistas asaltan El Ateneo de Estudios Juan Pablo Maestre… La Policía detiene y tortura a militantes de la Juventud Peronista que apoyan al gobernador derrocado Bidegain…”.

El Gordo no pudo evitar que se le proyectara, nítida en su memoria, una imagen emblemática de aquellas reuniones por los derechos humanos: el Obispo, el Rabino, el Pastor y el Metodista coincidiendo en la preocupación sobre estos hechos.

En el informe se destacaba el contenido abultado de aquel mes pico en aquella violenta escalada. El mismo mes en que Juan Domingo Perón había resultado electo Presidente con más del sesenta por ciento de los votos.

“Septiembre 1973… El ERP es declarado ilegal por el gobierno… Se conocen las torturas de la policía tucumana… Ametrallan el Ateneo 20 de junio, de la Juventud Peronista… Asesinan a Enrique Grinberg, joven militante de la JP… Comandos antimarxistas asesinan en Rosario al abogado Roberto Raúl Catalá… Desaparece el militante Sergio Joaquín Maillman, de 24 años… En Resistencia atentan contra un comedor universitario… Montoneros asesina a Rucci, secretario general de la CGT…”.

“Ese sí que fue un mes jodido”, pensó el Gordo para sí. Esta cruda y violenta memoria le hizo recordar las discusiones con Alfredo sobre el contexto por el cual en 1973 había terminado la Revolución Argentina, sobre aquellos siete años de dictadura militar que siguieron al golpe contra Illia, con las presidencias de Onganía, Levinston y Lanusse.

Reconocían con el gremialista docente que en 1973, solo tres años atrás, no solo se había vuelto a la democracia, sino que, también, el peronismo había recuperado su legalidad, pero que, desde aquel entonces, la violencia interna había recrudecido.

La radio comenzó a ampliar información sobre la realidad que se vivía en diferentes ciudades del interior del país. Cuando comenzaban a sonar los éxitos del verano “Cara de tramposo” y “Si te agarro con otro te mato”, ambos de Cacho Castaña, el Gordo retomó la lectura del informe.

“Octubre 1973… El gobierno se declara en estado de guerra contra los marxistas, y llama a atacar al enemigo en todos los frentes… Hay tiroteos, bombas y tomas en Córdoba… Asesinan en Santos Lugares a Constantino Razzeti, de la JP…”.

“Noviembre 1973… El ERP copa escuelas primarias en Tucumán y Córdoba… La Triple A vuela el auto del senador radical Solari Yrigoyen, quien sobrevive al atentado…”.

“Hipólito”, se le escapó mientras la emoción del recuerdo de aquel hecho lo conmovía. Que aquel intento de asesinar al correligionario, colega legislador y, más que nada, cofundador con él de una alternativa socialdemócrata dentro del partido, fuera fallido había sido, realmente, un milagro.

“Diciembre 1973… La Triple A difunde una lista negra de personalidades a ejecutar…”.

El Gordo no pudo dejar de recordar la asunción de Perón, aquel mes de octubre del 73. Mientras lo invadían los recuerdos no podía dejar de leer el escalofriante informe. Y recién iban seis meses. En la radio le llegó el turno a Camilo Sexto, con un temazo auspiciado por Coca Cola, la chispa de la vida. “Nuestra vida no necesita chispa”, pensó.

“Enero 1974… La Policía Federal allana en Buenos Aires las librerías Fausto, Atlántida, Rivero y Santa Fe, y arresta a los empleados por difundir libros… El ERP asalta la guarnición militar de Azul con 80 guerrilleros…”.

“Abril 1974… El ERP libera al gerente de la ESSO, Víctor Samuelson, tras cobrar 14,5 millones de dólares… Los terroristas asaltan con éxito la localidad tucumana de Acheral… Perón llama estúpidos e imberbes a los Montoneros…”.

“Mayo 1974… La Triple A asesina al padre Carlos Mujica en Villa Luro cuando acababa de celebrar misa…”.

“Meses tranquilos”, pensó irónico el Gordo, y volvió a abstraerse en sus recuerdos. Recordó los debates sobre cuáles deberían ser los objetivos de la Asamblea. Recordó que todos coincidían en que había que denunciar el caos social que se vivía, denunciando cada desborde de violencia, cada asesinato. “Pero no pudimos hacer nada”, se lamentó.

También se acordó de que todos habían coincidido en que el objetivo debía ser la defensa y promoción de los derechos humanos, en su conjunto y bajo los principios de universalidad, integralidad y exigibilidad, especialmente ante el marco de violencia institucional que estaban viviendo. Y pensó en lo inocente que sonaba todo eso en ese momento en que camiones y tanques recorrían la ciudad.

“Julio 1974… Montoneros asesina a Arturo Mor Roig en un restaurante de San Justo… Fuerzas de seguridad asesinan al diputado nacional Rodolfo Ortega Peña y a su mujer, y en su funeral dispersan el acompañamiento con balas de goma y gases…”.

“Y murió el General”, recordó el Gordo, muy respetuoso a pesar de las distancias.

Él reconocía en Perón su profundo amor por su pueblo, en especial la grandeza de haber prescindido del poder en el 55 para evitar un imperdonable derramamiento de sangre inocente.

“Agosto 1974… La Triple A asesina cuatro militantes peronistas en La Plata… El ERP asalta simultáneamente la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María y el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca…”.

“Septiembre 1974… La Triple A atenta contra la casa del decano de la Facultad de Derecho de la UBA y mata al hijo de cinco meses… La Triple A asesina también al abogado Curutchet, al Comisario Troxler, y a Silvio Frondizi junto a su yerno… Los Montoneros secuestran a los hermanos Juan y Jorge Born…”.

“Los Born”, dijo en voz baja recordando el sonado hecho. Revivió la indignación que habían despertado los debates sobre aquellos sucesos en el seno de la Asamblea, en la doctora y sus lúcidos 90 años, en la camarada, en el pastor, en Adolfo. Ninguno podía creer que estuvieran en democracia.

El teléfono no cedía. Cuando no eran noticias de intendentes que le comunicaban al Gordo que frente a sus municipios ya se habían instalado camiones con soldados, eran amigos y colegas asustados por el vértigo de la noche.

“Noviembre 1974… La Triple A explota bombas en locales políticos… Un militante del Movimiento Nacional Justicialista asesina a un matrimonio de abogados del Peronismo de Base… Montoneros asesina al Comisario Villar, Jefe de la Policía Federal, y a su esposa…”.

“Diciembre 1974… Asesinan a Juan Luis Lucero, diputado del FreJuLi… El ERP asesina al capitán Viola, junto a su hija de 3 años y al filósofo y docente católico Carlos Alberto Sacheri, delante de sus hijos…”.

Nuevamente parado junto a la ventana, con el mate en su mano y la mirada perdida entre las luces de Barrio Norte, el Gordo se perdió en algunos gratos recuerdos personales de ese fin de año.

Las mesas familiares y las escapadas a la laguna. Y se detuvo a pensar en que inconsciente es la gente común sobre lo que ocurre a diario. Se lamentó de ello mientras, inconsciente, sacudía su cabeza. Agitó el termo para comprobar que estaba vacío.

“Enero 1975… Comienza la primera ofensiva de Montoneros con propaganda, ajusticiamientos y diversos atentados… El ERP asesina al director de Delegaciones Regionales de Trabajo y a su guardaespaldas…”.

“Febrero 1975… El ERP asesina al Gerente de ALBA, frente a su hija, y al sindicalista Chávez, junto a sus tres guardaespaldas…”.

El Gordo se echó hacia atrás en su sillón y recordó que, aquel verano, Isabelita había decidido que el Ejército Argentino interviniera contra la guerrilla montonera desatando la represión ilegal. Mientras, la radio daba el equipo con que la selección enfrentaría a Polonia, y confirmaba como titular a Mario Alberto Kempes, autor del gol contra Rusia un par de días antes.

“Marzo 1975… Montoneros libera a Juan Born y cobra 60 millones de dólares… Montoneros, con una de sus bombas, mata un camionero…”.

“Sesenta palos”, repitió el Gordo para sí mismo, y se preguntó cómo se lucharía, si se quisiese, contra tanta ausencia de escrúpulos.

“Abril 1975… Montoneros asesina en Rosario al comisario Ojeda… El ERP asalta el Batallón de Arsenales 121, al norte de esa ciudad…”.

“Definitivamente no habían tenido tiempo”, pensó el Gordo. Desde el día de su creación, la APDH adoptó como meta y fundamento de su acción la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Pero el golpe ya era inevitable.

“Mayo 1975… En Tucumán se produce un intenso tiroteo en la ruta 301, en donde muere un subteniente, y el ERP combate en Manchalá…”.

“Junio 1975… Celestino Rodrigo anuncia medidas devaluando más de un 150% el peso, aumentando un promedio del 100% los servicios, un 180% los combustibles, y solo un 45% los salarios…”.

Los acordes de Cantares por Serrat comenzaron a sonar en la radio y el Gordo detuvo todo para escucharlo. María apareció en la puerta con una taza de té, y juntos revivieron como la habían pasado en el Rodrigazo. También recordaron las vicisitudes de familiares y amigos.

Nuevamente solo en la calidez de su estudio, vio que el informe también decía que en aquel mes, también Montoneros había liberado a Jorge Born.

“Agosto 1975… Montoneros hace estallar más de cien bombas en todo el país por el aniversario de la masacre de Trelew… Se producen frecuentes combates en Tucumán…”.

El Gordo se vio a si mismo discutiendo en el seno de la asamblea sobre la alternancia entre gobiernos civiles y militares que se venía dando desde el treinta, considerada y aceptada por la sociedad como una costumbre natural e, incluso, necesaria. Volvió a recordar aquel momento en que dieron por fundada la APDH argentina. Abrió el cajón derecho y extrajo su copia del documento final. Releyó las firmas del mismo. Junto a la suya estaban las de Adolfo Pérez Esquivel, Alfredo Bravo, Carlos Gattinoni, José Miguez Bonino, Alicia Moreau de Justo, Jaime de Nevares, Oscar Alende, Susana Pérez Gallart, Eduardo Pimentel, Raúl Aragón, Jaime Schmirgeld, Jorge Novak, Emilio Mignone, Marshall Meyer, Augusto Conte, Rosa Pantaleón, Roberto Graetz, y Aldo Etchegoyen, entre otros.

Dejó nuevamente el documento en su lugar, cerró el cajón, y retomó el cruel informe. “Otra vez septiembre”, se dijo a sí mismo.

“Septiembre 1975… Montoneros hace estallar una bomba en el ARA Santísima Trinidad… Asaltan un camión del Ejército y atacan el Regimiento de Infantería de Monte… Montoneros también asesina a un oficial de policía retirado y a un estudiante de economía… Estallan bombas en todo el país en recuerdo del golpe militar que derrocó al presidente Perón en 1955… Hacen explotar la pista del aeropuerto de San Miguel de Tucumán cuando despegaba un Hércules con efectivos de las fuerzas especiales de la Gendarmería Nacional… La Triple A secuestra y mata a Susana Casariego… El ERP asesina al jefe de inteligencia de la bonaerense, a dos militantes del Partido Obrero y a un policía en Tucumán… Un grupo paramilitar asesina a Arturo Ovejero Soria, de 25 años…”.

El Gordo repasaba el informe y recordaba que en septiembre del 75 Isabelita, también, había prohibido por decreto el proselitismo, adoctrinamiento, difusión, y cualquier otra actividad que promoviera la actividad de Montoneros.

Ya hacía un rato que quería ir al baño, pero el informe, los recuerdos y la realidad por la cual estaba atravesando el país no le habían permitido tomarse esos minutos. Al pasar por su habitación vio que María se había quedado dormida. Le apagó el velador y, en silencio, la besó en la frente. Rápidamente volvió a su estudio porque ya sonaba el teléfono. Más malas noticias. Cortó y continuó con el informe.

“Octubre 1975… Cinco agentes de policía mueren tiroteados en sus vehículos a metros de la Catedral de San Isidro… Montoneros secuestra a Franz Metz, de la Mercedes Benz, y piden 7 millones de dólares… Se producen frecuentes combates en Tucumán…”.

El Gordo ya sospechaba en aquel momento que íbamos hacia una nueva dictadura, esa solución facilista que todos se resignaban a soportar dando por tierra una institucionalidad y una democracia que ya estaba bañada en sangre.

“Noviembre 1975… La Triple A considera enemigos en un Parte de Guerra Nº1 al Partido Comunista, a Montoneros, al Partido Auténtico, al ERP, al PRT, al PST, a la Juventud Radical Revolucionaria y al Partido Comunista Revolucionario… Los Skyhawks de la Fuerza Aérea se suman a la lucha en Tucumán…”.

“Diciembre 1975… La Federal reduce al dirigente montonero Roberto Quieto y desaparece… Montoneros asalta la fábrica de armamentos Halcón de Banfield y asesina al General Cáceres Monié, y a su esposa… El ERP asalta el Batallón Depósitos de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo… Militantes explotan bomba en el Edificio Libertador… El general Bussi toma el mando en Tucumán…”.

El Gordo volvió a recordar aquel 18 de diciembre de 1975 en la Casa de Nazareth. Recordó las caras preocupadas por constituir un espacio institucional desde el cual fortalecerse y luchar juntos para defender los derechos humanos y los valores de verdad y justicia.

A fines del 75 ya eran evidentes las crecientes amenazas cotidianas a la vida y la libertad. Ya había más de setecientos muertos en el país. Ya había más de 300 personas desaparecidas.

Terminaba un tema de Pink Floyd y esa voz grave confirmaba por la radio lo que varios llamados le contaban por teléfono. Cientos de detenciones se llevaban a cabo en el Gran Buenos Aires, en Córdoba y en el Gran Rosario, desde San Nicolás hasta San Lorenzo.

“Enero 1976… Tres pelotones de montoneros toman la fábrica Bendix en Munro…”.

“Febrero 1976… Montoneros ataca la Escuela de Policía Juan Vucetich, en La Plata… En Tucumán se producen choques entre Montoneros y el Ejército Argentino y Paracaidistas de la Aerotransportada entran en combate…”.

Al sangriento detalle le faltaba un hecho ocurrido solo unos días atrás, cuando Montoneros había asesinado a dos nuevos policías retirados y al mozo del bar en un atentado.

El Gordo se fue a dormir consciente de que era marzo del 76, suponiendo que terminaban aquellos años de terror y sangre, y pensando sobre la trascendencia de lo sucedido esa noche.

Los militares habían llevado a cabo un golpe de estado, habían derrocado la última democracia de la región. Él tenía datos de que esto era algo que se venía gestando desde mediados del 75. Él sabía que muchas habían sido las reuniones entre el empresariado, sectores de la curia, sectores de la sociedad civil, partidos políticos y la cúpula de las fuerzas armadas.

El Gordo encontró el sueño creyendo que lo ocurrido había sido decisión del pueblo, y el pueblo era soberano. Creyendo que era el final del terror y no solo el principio.

Solo mucho tiempo después, ya como primer presidente del regreso a la democracia, el Gordo se daría cuenta de que aquellos años vividos desde marzo del 73 a marzo del 76 habían sido solo un preludio oculto, olvidado, escondido, del terror, de forma de que un gobierno pudiera justificar la última revancha de la primera revancha y, así, se perpetuara el odio.

Norman Robson para Gualeguay21

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