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Ya bien adentro del siglo XXI, con un universo inmensurable de adelantos científicos y tecnológicos, parece mentira que una comunidad entera quede presa del terror, totalmente indefensa, su vida a merced solo de la puta suerte. Tener que ir a trabajar, o a comprar yerba, es un reto a muerte. Ni hablar si es el conductor de un bondi o taxi, o despacha combustible. Para los rosarinos, cada salida a la calle es hoy una Ruleta Rusa.

Nací en Rosario hace 62 años y, a pesar de haber vivido poco en esa ciudad, nunca corté ese cordón umbilical simbólico que nos une al lugar donde vimos la luz por primera vez. Eso me llevó siempre a volver, y a cultivar allí muchos amigos. Es por eso que hoy me conmueve lo que allá pasa, en particular después de hablar con gente querida que la está sufriendo.

En estos momentos, los montones de hermosos recuerdos de aquella infancia se interrumpen por algunos pocos no tan lindos. Los ecos del Mayo Francés, esos tiempos de huelgas obrero estudiantiles, allá por el 68 o 69, y los setentas del ERP y Montoneros. Épocas en que Rosario también supo ser protagonista. Sus perfiles social, cultural e intelectual la hacían ser epicentro de cualquier movimiento revolucionario. Pero ésto no. Ésto no es de Rosario, ni, mucho menos, lo merece.

Mi ciudad puede exagerar a la hora de un Central Newells, pero ésto no. Nunca se supo de un terror de esta magnitud, ni de una indefensión general de esta dimensión. Pensé que los medios exageraban, pero al contactar a amigos y conocidos, las confesiones me impactaron. Esperaba un “tranquilo”, o un “no es para tanto”, o un “todo bajo control”, pero los audios parecían más desahogos que información, y los cuentos pintaban una realidad apocalíptica. Era cierto.

Suspendieron clases, deportes, y otras actividades. Hoy las calles se ven vacías, como en pandemia, y, donde cabe, volvió el home office, tal como entonces. Los que se quedaron sin nafta no pueden tomarse un taxi o un colectivo. No hay. Y caminar es mucho riesgo. Ni hablar de los que esperan la llegado del otro que tuvo que salir. El crimen organizado se propuso imponer el terror y lo logró: la vida del rosarino hoy es una Ruleta Rusa, no sabe dónde lo espera la muerte.

Entonces me pregunto porqué, y miro para atrás. Coincidimos en que los Monos y compañía no nacieron ayer, sino que vienen creciendo desde hace décadas, así como crecieron los policías corruptos y la impunidad propia de la indiferencia política. Fueron años de no hacer nada, o de repartir convenientes prebendas que financien campañas. Nada de todo ésto empezó ayer, ni fue por casualidad. Hay responsables con nombre y apellido.

Mi cuna fue incendiada, la misma cuna de la Bandera, y la de Olmedo y Fontanarrosa. La cuna de Messi, que debió ser de Central. Me duele, me indigna, y me subleva. Mi solidaridad con todos mis rosarinos, junto con mi enérgico repudio hacia quienes causaron todo ésto, y hacia quienes los dejaron causarlo. No soy de rezar, y menos cuando enfrento cosas que me dificultan creer en un Dios, pero sí enfoco todas mis energías hacia una pronta solución. Va mi sincero abrazo a todos.

Queda conmigo la imagen del joven estacionero sorprendido por la muerte de la mano de un joven sicario. Ambos veinteañeros. Cuánta locura. Cuánta inexplicable locura…

Norman Robson para Gualeguay21

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